September 29, 2022

La frase es fuerte. incómodo. Y a veces su postulado parece intachable. La frase pertenece al empresario argentino Alfredo Yabrán, y se lo dijo al diario Clarín en 1997 tras pasar un tiempo cerrándose del anonimato al foco de una investigación que marcaría una época. “El poder es impunidad”, dijo. Y ese es el sentimiento que perdura cuando aparecen los créditos del documental. El fotógrafo y el cartero.

Hay obras que han retratado esta máxima con mucha mayor certeza y efecto que la magistral serie El cable, donde de alguna manera el gran villano es lo que llamamos “el sistema”. Pero esto Documental de Netflix que relata el caso del asesinato del fotógrafo de la revista Noticias José Luis Cabezas, tengo este sentimiento debajo Si miras de cerca la historia concreta, esta idea está ahí.

Así que el fotógrafo de la portada es Cabezas, un fotoperiodista cuya muerte en 2022 tiene veinticinco años. Una muerte violenta, cruel, súbita, que se produjo mientras cubría la temporada estival en el balneario bonaerense de Pinamar, y que de alguna manera lo convirtió en un icono, en un mártir. El llamado “No se olviden de Cabezas” fue el reclamo de una sociedad, la argentina, que en los años 90 se enfrentó como nunca a una de sus versiones más oscuras y violentas y no quiso tener nada más que ver con ella.

En ese sentido, hay cosas que el documental, que el equipo de la serie está detrás. Carmel: ¿Quién mató a María Marta? – es muy bien recibido. Para empezar, tienes uno. buen trabajo de archivo, y una excelente contexto del crimen tanto en el contexto del pasado como del futuro, tarea imprescindible para quienes recuerdan el momento poner en contexto el trasfondo del asesinato y para quienes no lo vivieron componer la escena.

José Luis Cabezas fue asesinado en 1997

Y el escenario aquí es elemental: la Argentina de los 90 como un hilo constante de pizza, champán, Ferraris, cocaína, músculos, bronceados, arrogancia, dólares equivalentes a pesos, violencia, ira, melancolía, corrupción y políticos de primera esos de revistas de chismes siendo retratado, bailando con odaliscas en la televisión y luchando ferozmente por los puestos más altos.

Es en esta feroz competencia donde se desarrolla el crimen y las posteriores investigaciones, que quedan teñidas por los intereses políticos detrás de la muerte, por los vínculos entre los investigadores (y luego los condenados) y la alta dirigencia política hasta el enfrentamiento entre el entonces Presidente Carlos Menem y el Gobernador de la Provincia de Buenos Aires Eduardo Duhalde, una vez su vicio, ahora su rival.

El documental también cumple con la tarea de elaborar una narración ordenada y concisa del caso: desde la última noche de Cabezas en Pinamar hasta el hallazgo de su cuerpo en un Ford Fiesta incendiado, lleno de irregularidades y errores desde el inicio de la investigación hasta la pista que conduce primero a un grupo de sicarios de Mar del Plata y luego a un grupo de policías y matones que, en la investigación, han sido vinculados a la figura de Yabrán (y por tanto también a la de Menem), la posterior intervención del empresario suicidio y el papel de las figuras políticas mencionadas en la investigación.

Uno de los “Camarazos” en honor a Cabezas

El problema, como muchas otras producciones de Netflix, es que La cobertura es deliciosa, pero el relleno es relativamente escaso. Aunque esto no es intencional El fotógrafo y el cartero no revela nada nuevo. Tampoco otros documentales similares, como el del caso Nisman que se estrenó en la plataforma en 2020. Son solo guías prácticas para aprender más sobre la historia y poco más.

Queda la sensación de que el documental no recibe golpes más duros o controvertidos. Se elude, casi por accidente, que Cabezas usó algunas de las fotos que tomó para extorsionar, pero la declaración se mantiene. También se discute el papel del ‘cartero’ del título, a saber, Yabrán, Menem y Duhalde (quien es una de las personas entrevistadas por la producción) en el caso, pero quedan algunas preguntas sin respuesta, como que estas figuras políticas quedaron prácticamente impunes por sus conexiones. pueden o no haber tenido.

Sin ninguna pretensión de objetividad -de hecho el documental está dedicado a la memoria de Cabezas- faltan voces de la familia del fotógrafo o incluso del entorno de Yabrán, a veces complementadas con declaraciones de archivo, pero con su ausencia en el presente dejan parte de la pintura incompleta.

El fotógrafo y el cartero Es bueno. Nada más que eso, a veces incluso parece que podría haber sido un podcast. Sin embargo, dejando de lado las deficiencias, es una buena aproximación a una historia policial, pero que trasciende el género o las consecuencias del crimen en sí mismo, una historia que expone fallas sociales y, como sugiere la película, fue una especie de goteo que se derramó sobre el popular. Copa de Gente harta de que el poder iguale a la impunidad. Si la demanda tuvo algún efecto o todo siguió como de costumbre, lo que suele suceder, es otra discusión.

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