September 29, 2022

Es posible que conozcas a alguien que, después de Covid-19, tiene tendencia a olvidar ciertas cosas, sufre dolores de cabeza o no ha recuperado completamente el sentido del olfato. Estos síntomas se incluyen en el fenómeno de niebla del cerebro en el que ha caído parte de la población como consecuencia de la pandemia. Si persiste durante un largo período de tiempo, sus efectos pueden ser dañinos.

El sistema nervioso sufre

Aunque la infección por el coronavirus SARS-CoV-2 afecta principalmente a las vías respiratorias, la mayoría de los pacientes que contraen la Covid-19 presentan síntomas neurológicos como pérdida del olfato, dolores de cabeza, trastornos del sueño y déficit de memoria.

Por otro lado, varios estudios indican que los pacientes con enfermedades neurodegenerativas como la enfermedad de Alzheimer tienen más probabilidades de tener una enfermedad más grave.

En conjunto, estos signos son un claro indicador de que el virus también está atacando el sistema nervioso. Por lo tanto, cada vez es más importante investigar cuáles pueden ser los efectos y las consecuencias a largo plazo de esta enfermedad en el cerebro.

Caballo de Troya y autopistas neuronales

Pero, ¿cómo llega el SARS-CoV-2 al cerebro? No es fácil llegar directamente a este órgano porque está rodeado por una verdadera pared de vasos sanguíneos conocida como barrera hematoencefálica. Sin embargo, el SARS-CoV-2 puede eludir esta protección a través de varios mecanismos.

En primer lugar, puede enviar señales que provocan un cambio en la barrera hematoencefálica. Además, es capaz de invadir nuestras propias células y utilizarlas como vehículo para colarse en el cerebro. La estrategia es un verdadero caballo de Troya, como lo es el patógeno ocultar de algo reconocible para que nuestro cuerpo sea capaz de superar barreras que de otro modo serían infranqueables.

Finalmente, el SARS-CoV-2 también puede viajar a través de neuronas distribuidas por todo nuestro cuerpo, formando una red neuronal. El virus es capaz de llegar a una de las extensiones neuronales y moverse a través de ellas como si fueran una autopista que termina en el cerebro. Justo en la nariz, por donde entra el virus y se infecta, está el nervio olfativo, que podría ser una vía directa al cerebro.

El virus Covid-19 también puede afectar el cerebro indirectamente. Esto sucede cuando nuestro sistema inmunológico responde a la presencia de microorganismos extraños liberando moléculas llamadas citoquinas. Estas moléculas actúan como señal de llamada y desencadenan una respuesta inflamatoria en los tejidos en los que se encuentran.

Esta reacción es en principio beneficiosa ya que consigue atraer a las distintas células del ejército que lucharán contra la infección. Sin embargo, si persiste durante un largo período de tiempo, se desarrolla una inflamación crónica, que puede ser muy peligrosa y afectar las funciones de varios órganos, incluido el cerebro.

Este estado de inflamación crónica está particularmente extendido en personas con enfermedades relacionadas con la edad. En particular, se sabe que los pacientes de Alzheimer sufren de neuroinflamación. Esto significa que el sistema inmunológico de su cerebro está continuamente activo a lo largo del tiempo, causando daño a las estructuras y provocando una mayor muerte neuronal y neurodegeneración.

¿El Covid-19 puede causar Alzheimer?

¿Cuál es la conexión entre los procesos neurodegenerativos y el Covid-19? Hace tiempo que se conoce la relación entre las infecciones virales y la neurodegeneración, y como se puede deducir, el punto en el que convergen ambas patologías es la inflamación.

En el caso del SARS-CoV-2, su capacidad para inducir un estado inflamatorio generalizado en nuestro organismo puede facilitar la progresión de enfermedades neurodegenerativas. Además, la tormenta de citocinas generada como mecanismo de defensa mejorado es capaz de desregular los parámetros fisiológicos. Por ejemplo, el número de moléculas oxidantes en las neuronas aumenta debido a un desequilibrio en los niveles de hierro, lo que empeora el daño. Esto conduce a más muerte neuronal y mayor neurodegeneración.

A favor de esta teoría, algunos estudios muestran que los pacientes con Covid-19 tienen pérdidas neuronales en las mismas regiones del cerebro donde se produce el daño en la enfermedad de Alzheimer. Además, los biomarcadores de neurodegeneración están elevados en muchos pacientes hospitalizados por Covid-19.

Está claro que el SARS-CoV-2 está teniendo un impacto más profundo en el cerebro de los pacientes de lo que se pensaba inicialmente. Un mejor conocimiento de la interacción de este virus con el sistema nervioso central podría prevenir el desarrollo de enfermedades neurodegenerativas como el alzhéimer, también a nivel mundial y por el momento sin cura.

Juana Andreo López, investigadora FPI. Investigadores del Centro de Investigación Biomédica en Red en Enfermedades Neurodegenerativas (CIBERNED) y del Instituto de Investigación Biomédica de Málaga (IBIMA), Universidad de Málaga; David Baglietto Vargas, Beatriz Galindo Investigador Distinguido Senior. Investigadores del Centro de Investigación Biomédica en Red en Enfermedades Neurodegenerativas (CIBERNED) y del Instituto de Investigación Biomédica de Málaga (IBIMA), Universidad de Málaga y Miriam Bettinetti Luque, estudiante de doctorado del Centro de Investigación Biomédica en Red en Enfermedades Neurodegenerativas (CIBERNED) y del Instituto de Investigación Biomédica de Málaga (IBIMA), Universidad de Málaga

Este artículo fue publicado originalmente en The Conversation. Lea el original.

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